La Enfermedad Celíaca (EC) es una condición médica sistémica de carácter permanente,
mediada por el sistema inmunológico, provocada por la ingesta de gluten y otras proteínas
presentes en el trigo, centeno y cebada, que afecta a personas genéticamente susceptibles.
En este sentido, se menciona también a la avena porque esta puede estar contaminada con
trazas de gluten debido a la contaminación cruzada durante su procesamiento en molinos
y silos donde también se manipula trigo, no porque la avena contenga gluten.
Esta intolerancia al gluten genera diversos problemas de salud que terminan
afectando drásticamente la calidad de vida de quienes la padecen. Por este motivo,
resulta fundamental diseñar un plan alimenticio especializado que logre controlar de forma
eficaz este trastorno crónico.
De acuerdo con Marión Figarella, nutricionista clínico del Grupo Médico Santa Paula
(GMSP), la celiaquía suele activarse por factores desencadenantes como virus o
infecciones como el rotavirus, que pueden alterar la permeabilidad intestinal o la
respuesta inmunitaria favoreciendo la aparición de la enfermedad.
Explicó que la introducción del gluten en la dieta de los lactantes actúa como un activador
en los niños que tienen un factor genético y los grupos con mayor riesgo incluyen:
familiares de primer o segundo grado de pacientes celíacos; personas con diabetes tipo 1,
Síndrome de Down o deficiencia de inmunoglobulina A; y quienes están afectados por
padecimientos autoinmunes como Tiroiditis de Hashimoto, hipotiroidismo o artritis
reumatoidea.
Resaltó que uno de los factores desencadenantes que está tornándose más relevante es
el estrés en un momento específico de la vida, que puede convertir una susceptibilidad
genética en una enfermedad activa. En Venezuela, se estima que 1 de cada 100 personas
padece la enfermedad celíaca, afectando mayoritariamente a las mujeres, aunque existen
múltiples casos que aún permanecen sin diagnóstico, afirmó la nutricionista.
Sintomatología: ¿Cómo afecta al organismo?
En las personas con esta afección, el gluten genera una inflamación en la mucosa del
intestino delgado, provocando una respuesta inflamatoria persistente. Esto impide que el
órgano absorba correctamente los nutrientes esenciales para el cuerpo y que cumpla
adecuadamente sus funciones, lo que conduce a una malnutrición y pérdida de peso a
pesar de una ingesta de alimentos adecuada. “Particularmente en adultos bajo gran nivel de
estrés”, puntualizó.
Los síntomas varían según la edad y pueden ser digestivos o sistémicos. En los niños, lo
más frecuente es la diarrea con grasa (esteatorrea), pero también se presentan cólicos,
distensión abdominal con dolor, vómitos, al igual que falta de ganancia de peso. Mientras
que, en los adultos, es común el adelgazamiento involuntario, la ansiedad, la depresión, así
como la aparición frecuente de aftas bucales.
En cuanto a las manifestaciones no digestivas, la licenciada mencionó el cansancio, la
anemia y el dolor en las articulaciones. Específicamente en los niños, puede aparecer un
sarpullido con ampollas y picazón en los pliegues de la piel de las articulaciones. También
es posible desarrollar intolerancia a la lactosa de forma temporal como daño colateral.
El peligro de la automedicación dietética
“El diagnóstico certero de celiaquía es fundamental porque es la única herramienta para
frenar la respuesta autoinmune que destruye al organismo”, indicó la nutricionista. Resaltó
que es vital no confundir los síntomas como una simple intolerancia alimentaria, ya
que un tracto digestivo crónicamente inflamado puede derivar en: retardo del crecimiento
en niños y osteopenia u osteoporosis en adultos; además de problemas reproductivos, así
como procesos oncológicos intestinales; neuropatía, pérdida de sensibilidad, hormigueo en
las extremidades y falta de coordinación motora.
La nutricionista advirtió que es crucial no retirar el gluten de la dieta antes de
realizar las pruebas médicas necesarias. Si la persona interviene su alimentación por
cuenta propia, los resultados pueden reflejar una mejoría falsa, imposibilitando un
diagnóstico asertivo.
Por su parte, la doctora Carla Dias, gastroenteróloga del GMSP, mencionó que el
diagnóstico definitivo amerita pruebas de laboratorio serológicas para detectar
anticuerpos específicos, así como exámenes genéticos enfocados en los antígenos HLA-
DQ2 y HLA-DQ8. También se requieren evaluaciones endoscópicas y la toma de biopsias
del intestino delgado.
Para estos fines, el Grupo Médico Santa Paula (GMSP) dispone de laboratorio clínico con
tecnología avanzada que garantiza resultados precisos en la identificación de esta patología.
Asimismo, el Servicio de Gastroenterología cuenta con tecnología de alta gama y
profesionales médicos con gran experiencia para efectuar todos los procedimientos
requeridos.
Asesoría nutricional es determinante para un control adecuado
Una vez confirmada la patología, el éxito del tratamiento reside en contar con un
asesoramiento nutricional especializado para implementar una dieta estrictamente
libre de gluten, aseguró la licenciada Figarella. En este proceso, la educación familiar es
esencial para identificar las fuentes ocultas de gluten en los alimentos; prevenir la
contaminación cruzada evitando el uso de utensilios que hayan estado en contacto con
harinas o productos con dicha proteína; y garantizar que la persona reciba todos los
nutrientes necesarios para su óptimo desarrollo o funcionamiento cotidiano.
“Una vez realizado el diagnóstico y recibida la educación nutricional especializada, los
pacientes no siempre siguen la dieta, lo que los hace presentar síntomas recurrentes que
inciden en su calidad de vida”, aseguró la especialista. El GMSP cuenta con nutricionistas
clínicos altamente capacitados para proporcionar planes alimenticios adaptados a las
necesidades individuales de cada condición.
El intestino: nuestro “segundo cerebro” y el bienestar integral
Cuidar la salud digestiva es vital no solo para el control de la celiaquía, sino porque el
intestino es capaz de autorregularse de manera independiente. Esto se debe a su sistema
nervioso entérico, compuesto por más de 90 millones de neuronas. Si este sistema no está
sano, el cuerpo pierde su equilibrio general. Debido a que este órgano gestiona procesos
complejos por sí mismo, la ciencia moderna lo reconoce como el “segundo cerebro”,
recalcó Figarella.
La licenciada explicó que existe una comunicación bidireccional constante a través del
eje microbiota-intestino-cerebro. Mediante este canal se envía información frecuente, se
fermenta la fibra para alimentar a las células y se estimula la producción de sustancias
como la serotonina, el neurotransmisor que regula los niveles de bienestar y felicidad.
Por esta conexión, para mantener un tracto gastrointestinal sano, no solo es esencial una
alimentación adecuada, sino también el control emocional. Los desequilibrios como la
ansiedad, la tristeza o la euforia extrema pueden manifestarse directamente con síntomas
gástricos como diarrea, cólicos o estreñimiento.
Respaldado por su empresa matriz, Keralty, el GMSP reitera su compromiso con la
excelencia en la atención médica al ofrecer a sus usuarios y profesionales de la salud
herramientas innovadoras que faciliten el acceso a servicios de calidad.



