¿Qué tipo de conocimiento construimos con IA?

06/02/2025

En los últimos dos años, la inteligencia artificial ha pasado de ser una herramienta
de especialistas a una presencia en la vida cotidiana de millones de personas.
Desde buscadores y asistentes virtuales hasta generadores de texto, imágenes y
decisiones, la IA nos da la impresión de saberlo todo. Pero, ¿realmente sabe?

En esta nueva era de desarrollo digital, es importante reflexionar sobre qué tipo de
conocimiento estamos construyendo a través de la IA. ¿Estamos aprendiendo
más o entendiendo menos?

Considero importante destacar que la IA es una tecnología que nos ofrece
conocimiento asistido; es decir, no inventa el conocimiento: lo extrae, lo reorganiza,
lo sintetiza. Cuando consultamos a ChatGPT o cualquier modelo generativo, no
estamos accediendo a una nueva verdad, sino a un eco digital de miles de fuentes
anteriores.

En tal sentido, debemos prestar verdadera atención al hecho de saber sin
aprender, porque podría ser la paradoja epistemológica más interesante de este
siglo. A diferencia del martillo — una herramienta que ha permanecido
fundamentalmente inmutable desde la Edad de Piedra hasta nuestros días — los
sistemas de IA representan un nuevo paradigma, porque se configuran como
herramientas que evolucionan a un ritmo vertiginoso. En apenas dos años, hemos
presenciado avances que habrían tomado décadas en tecnologías tradicionales.
Esta velocidad de desarrollo genera una asimetría preocupante: implementamos y
dependemos cada vez más de tecnologías cuya naturaleza fundamental apenas
comenzamos a comprender.

Los algoritmos de IA funcionan con patrones, ya que analizan datos del pasado
para predecir el futuro. Por lo tanto, muchas de sus respuestas son probabilidades
lingüísticas, no razonamientos conscientes. Pero ¿y si lo verdaderamente nuevo
no está en las repeticiones del pasado? ¿Qué significa saber en el contexto
de las inteligencias artificiales modernas? ¿Pueden estos sistemas
realmente saber algo sin haberlo aprendido en el sentido humano?

Para comprender mejor esta paradoja, es útil revisar las principales perspectivas
actuales sobre lo que significa “conocer” en contextos artificiales. En el campo de la
inteligencia artificial, el consenso sobre qué constituye conocimiento está lejos de
ser monolítico. Actualmente coexisten tres enfoques:

1. – Perspectiva emergentista

Propone que en modelos suficientemente grandes y complejos están surgiendo
capacidades genuinas de comprensión y representación conceptual que
trascienden la mera predicción estadística.
2. Perspectiva instrumentalista

Sostiene que estos sistemas, por sofisticados que sean, simplemente predicen
secuencias sin comprenderlas realmente: son “loros estocásticos” con habilidades
matemáticas excepcionales.
3. Nueva epistemología

Sugiere que necesitamos redefinir completamente qué

significa saber o comprender cuando hablamos de sistemas artificiales, ya que
aplicar conceptos humanos puede resultar inadecuado.

Entonces, la gran paradoja es que la IA puede dar respuestas brillantes, sin que
sepamos cómo llegó a ellas. Muchos modelos actuales son cajas negras: reciben
datos, emiten resultados, pero su proceso interno es inaccesible incluso para sus
creadores. ¿Podemos llamar “conocimiento” a algo que no podemos
explicar?

La IA responde rápido, pero no siente; no tiene historia, ni cuerpo, ni cultura. Puede
redactar sobre amor, pero no amar. Puede hablar de dolor, pero no doler. ¿Puede
comprender el mundo quien no lo habita?

El conocimiento sin contexto se vuelve preciso pero incompleto, funcional pero
deshumanizado; sin embargo, pienso que a pesar de sus límites, la IA no debe
verse como enemiga del saber. Si interactuamos con conciencia crítica, la IA puede
convertirse en una herramienta para expandir la comprensión, no para
reemplazarla.

Más que un oráculo, la IA es un espejo en el cual debemos reconocernos,
corregirnos y empoderarnos. Quizás lo más preocupante de nuestro momento
actual es la brecha creciente entre el desarrollo tecnológico y nuestra comprensión
teórica. Estamos implementando masivamente sistemas de IA en áreas críticas
como medicina, finanzas, justicia y educación, mientras el debate sobre si estos
sistemas realmente “saben” lo que hacen, apenas comienza a articularse en
círculos académicos.

Presenciamos un momento fundacional: la inteligencia artificial no solo transforma
cómo trabajamos o nos comunicamos, sino cómo pensamos, cómo aprendemos,
cómo sabemos. Nos enfrentamos a un desafío práctico y urgente a medida que
interactuamos cada vez más con sistemas de IA en nuestra vida cotidiana.

Necesitamos desarrollar nuevas heurísticas para determinar cuándo y cómo confiar
en estos sistemas, cómo interpretar sus respuestas, y qué significa colaborar con
ellos de manera productiva.
Si la IA ha venido a transformar el conocimiento, nuestra tarea es
asegurarnos de que no lo vacíe de sentido humano.

Artículos Relacionados

Filtraciones de datos que podrían ser una trampa

Filtraciones de datos que podrían ser una trampa

ESET Latinoamérica advierte que ignorar una notificación de infracción de datos real supone un riesgo, pero caer en una falsa podría ser aún peor y alienta a analizar los mensajes antes de actuar. Recibir una notificación sobre una filtración de datos solía ser algo...

La Montserratina consolida la cultura parrillera en Venezuela

La Montserratina consolida la cultura parrillera en Venezuela

La marca pionera de los Artesanos del Sabor celebra El Mes de la Parrilla destacando la evolución de una tradición culinaria que une a las familias venezolanas La parrilla en Venezuela trasciende el simple acto de asar carnes, constituye un tejido social, un ritual de...